Criar en una sociedad que no nos deja parar

Ana María León Martín

9/7/2026

La maternidad y la paternidad en el siglo XXI están atravesadas por grandes desafíos, cargas emocionales y responsabilidades, muchas veces, implícitas. Vivimos en una sociedad que nos empuja a hacer, a producir, a mirar hacia fuera y a estar constantemente en movimiento. Una sociedad que normaliza el estrés, el ritmo acelerado y la sensación de no tener tiempo ni siquiera para descansar, mucho menos para parar y pensar.

Trabajamos, cumplimos horarios, llenamos las agendas de nuestros hijos e hijas de actividades extraescolares y, cuando llega un momento de descanso, sentimos que deberíamos estar aprovechándolo. Incluso el descanso parece tener que ser productivo. Y mientras tanto, las redes sociales nos muestran vidas aparentemente perfectas, cuerpos perfectos, familias perfectas y una crianza que parece poder hacerse siempre de la manera correcta.En este contexto hablamos, cada vez más, de crianza consciente. De la importancia de estar presentes, de escuchar, de acompañar las emociones, de respetar los ritmos y necesidades de nuestros hijos e hijas. Y sí, todo ello es fundamental. Pero también necesitamos preguntarnos algo: ¿cómo podemos estar verdaderamente presentes cuando la propia sociedad en la que vivimos apenas nos deja tiempo para estar?

Quizás ha llegado el momento de hacer una pausa. De recordar que no siempre necesitamos hacer más. Que hubo un tiempo en el que las tardes podían transcurrir sin planes, en el que aburrirse también era una forma de jugar, de imaginar y de crear. En el que había espacio para simplemente estar. Hoy, niños, niñas y adolescentes parecen tener cada vez menos espacio para aburrirse. Pero, ¿cómo van a hacerlo si nosotros, como adultos, tampoco nos permitimos parar? Somos nuestros propios jueces, buscamos hacerlo mejor, llegar a todo, cumplir con todo y alcanzar ese nivel de perfección que, a través de las redes sociales, parece estar siempre al alcance.

La crianza consciente también pasa por aceptar nuestros propios límites. Por reconocer que estamos cansados, que hay días en los que no llegamos, que necesitamos tiempo para nosotros y que eso no nos convierte en peores madres o padres. Criar de forma consciente significa poder parar y mirar a nuestros hijos e hijas, estar con ellos, escucharles y compartir tiempo sin que tenga que haber siempre una actividad, un aprendizaje o un objetivo detrás.

Porque, al final, ¿qué necesitan de nosotros? Quizás mucho menos de lo que pensamos y, a la vez, mucho más de lo que les estamos dando: tiempo, presencia, vínculo.Y quizá la vida no consista únicamente en trabajar para conseguir algo mejor, en alcanzar una meta o en esperar esa recompensa final que nos han enseñado a perseguir. Quizás también deberíamos aprender a disfrutar de lo que ocurre mientras llegamos. De despertarnos junto a nuestra familia, de compartir una conversación, de jugar, de aburrirnos juntos, de tener una tarde sin planes, de estar simplemente estar, sin esperar que tenga que ocurrir nada más.

Porque quizás ahí, en esos momentos que aparentemente no hacemos nada, es donde realmente estamos viviendo.

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